En mi incansable lucha contra el mal en el mundo, las últimas 3 semanas han transcurrido a puro viaje.
Una semana en Brasil deteniendo aludes.
Otra semana en Houston luchando contra los cliches.
Una última semana en Cariló luchando contra la insolación. Yo no tengo ningún problema con la playa, siempre y cuando no haya arena, sol ni mar frío.
Pero volvamos a Houston. Ya tendré tiempo para volver a Cariló.
Como algunos de ustedes recordarán hace ya 5 años viví en esa ciudad. Volver a esa ciudad de visita fue algo raro. Una mezcla de alivio con nostalgia. Más alivio que nostalgia.
Si hay una cualidad que siempre me llamó la atención de los norteamericanos es su incapacidad para relacionarse socialmente. Pueden ser grandes oradores pero a la hora de entablar conversaciones desde un lugar un poco más personal no saben qué hacer.
Así inundan cualquier situación donde se sientan expuestos en su incapacidad de las más disparatadas distracciones.
Así fue como en una de las noches en Houston mis compañeros de la liga tuvieron la brillante idea de celebrar el espíritu de equipo con una COM-PE-TEN-CIA en karting. Vamos a dejar un minuto de lado que tal vez una competencia no sea la forma más sana de conmemorar el trabajo en equipo pero por ahora voy a elegir obviar ese detalle.
Obviamente la noche no podía estar completa sin que cada equipo tuviera su remera. Así fue que me coloqué mi remera, mi casco y salí a la pista. No faltaron los choques de dudosa motivación, los delirios a causa del combustible quemado y la clara confirmación de la personalidad psicótica de varios compañeros.
Promediando los 15 minutos en la pista y cuando fui llamada a boxes para hacer la posta con mi compañero tuve a bien tener un pequeño cortocircuito neurológico lo cual me llevó a estrellarme contra unas llantas de contención.
Esto me recuerda varias cosas pero tal vez dos grandes obviedades. Primero, nunca me gustó que me llamaran a boxes. Segundo, firme a la tradición familiar necesito hacer salidas estruendosas.
Mientras aguardaba el agonizante final de esta proeza observé un cartel en la pista que decía: God Bless Our Troops (O sea, Dios bendiga a nuestras tropas).
Debería decir, Dios bendiga a los peatones cuando entra Diana a la pista.
La velada continuó con una comida en Buffalo Wild Wings. Un MacDonald’s plumífero lleno de televisores mostrando las más variadas competencias deportivas. No vaya a ser que se nos ocurriera hablar…
Mientras me despedía de mi grupo, una colega china me entregó un regalo: unos palitos chinos.
Al entrar a mi habitación pensé: si el holandés hubiese traido unos suecos, ya tenía cartón lleno de cliches.
Llegué la semana siguiente a Cariló bailando un tradicional baile holandés con mis suecos nuevos y me di cuenta que esto no iba a funcionar ahi.
Mis suecos se llenaron de arena y me produjeron unos horribles callos. Mi vestido tradicional acababa de sombrero ante el imperante viento huracanado. Pasados dos días, los suecos se pudrieron de la humedad y el salitre.
Dicen que si no puedes contra ellos entonces úneteles. Así fue como decidí calzarme mi trikini, agarré mi lona con motivos marineros, mi sillita de playa, mi sombrilla con dibujos de camelias, mis havaianas, mi pareo con estampado búlgaro, mi termo y mi canasta con tortas fritas y me dispuse ir a la playa.
Mientras me untaba con Rayito de Sol, sentí una mujer que gritaba: películas!
Me costó unos minutos reconocer que esa era una vendedora ambulante que vendía películas en la playa.
Hacía tiempo que no iba a una playa argentina en temporada alta pero nunca pensé que me iba a encontrar a alguien vendiendo películas en la playa.
Quién compra películas en la playa? Drácula?
Qué loca investigación de mercado habría llevado a estos vendedores a elegir ese rubro? Habría sido realizada por el mismo que llegó a la conclusión que Das Neves debía fotografiarse con una mugrosa barba de 3 días en los afiches para su campaña presidencial?
Mientras intentaba sacarme una sombrilla estaqueada de mi pecho me asusté al descubrir a un hombre arrodillado ante mí.
Finalmente! San Antonio había escuchado mis plegarias!
Me apresuré a decir SI sin entender bien qué era lo que me había dicho mi Príncipe Azul. Inmediatamente puso sus manos en mis piernas y aunque sentí que era un poco rápido lo dejé. A esta altura del partido no puedo permitirme ser arisca.
Al retirar sus manos descubrí un… Cepillo para pelo y unas balizas para bicicleta.
Con su mano me hizo un gesto en el lenguaje universal: 10 mangos.
Antes de irse emitió un sonido gutural para indicarme que le diera mi Rayito de Sol.
Casi sin darme cuenta había sido apurada por un vendedor playero… sordomudo.
Se fue como llegó: arrastrado por el viento y la sudestada.
Comencé a pensar que la idea de ver una película no sonaba tan mal.
Esta semana en Cariló también me permitió utilizar mi oxidada pedagogía.
Así unté de protector solar a mi sobrina al notar que la velocidad con la que ella se lo aplicaba no era la adecuada según mis estándares.
Encremé a mi sobrino de 30 años ante mi irritación al ver cómo se despellejaba.
A la noche dialogaba con mi familia y en eso mi sobrina adorada dice: Yo, cuando sea grande, quiero ser fotógrafa y profesora de gimnasia.
Debo reconocer que no era lo que esperaba escuchar. La fotografía hasta que me da un poco más de esperanzas porque tiene algo de romanticismo. Profesora de gimnasia tiene más de mascota doméstica. Una mezcla de felino con paloma o avestruz. Tal vez la paloma o el avestruz no sean tan domésticas pero sí pueden serlo en la casa de un mago. O de un granjero de Oklahoma. De todas formas, ninguna de las dos profesiones lograba satisfacer mis ambiciones para con mi sobrina.
Sobre todo, ninguna lograba satisfacer mis expectativas de que en un futuro no muy lejano Clara me mantenga o tal vez pague mi terapia psicológica.
Intenté esconder mi desilusión tras una máscara de la más falsa comprensión.
Al día siguiente mi sobrina me pregunta: Para ser Presidente no hay que estudiar nada, no?
No podía negar que esa pregunta encerraba una lógica implacable. Tal vez no se trate de estudiar. Lo importante sea tener ambiciones.
Y no podía negarse que en el 90% de los casos nuestros Presidentes parecen casi analfabetos anque oligofrénicos.
Al menos no podía ahora pensar que Clari no tenía ambiciones.
Sin duda tenía las cosas mucho más claras que otros tantos adultos. Como tal vez ese taxista con el que viajé hoy.
Al indicarle a qué calles me dirigía noté una cierta confusión en su semblante. Me pidió mayores precisiones. Le expliqué cómo llegar. Rápidamente me respondió: Le pido que me recuerde al llegar porque tengo muy mala memoria. Tuve un accidente y no me acuerdo de nada.
O sea, éste ya no sólo era un taxista desorientado sino también desmemoriado. Cuáles son las características que debería tener un taxista? Saber manejar, orientación y memoria. Este señor carecía por lo menos de 2 de esas 3 condiciones. Y pensando que había tenido un accidente, probablemente careciera de las 3 condiciones.
Tal vez este señor había tenido una tía como yo que lo alentó a desafiar sus propios límites? Sos desorientado, desmemoriado y no sabés manejar pero querés ser taxista? Pues atrevete, le habrá dicho su tía.
Lo cual me lleva a una última reflexión. Parece que ahora hay un nuevo signo zodiacal. Ofiuco. Suena a marca de jeans si me preguntan. Particularmente no me gustaría ser de Ofiuco pero lo que más me molesta es que este infiltrado que debería estar pagando su derecho de piso por intentar entrometerse en la Para Tí a esta altura del partido ha tenido el tupé de cambiar a todos los otros signos.
Así, hoy parece que soy de Escorpio.
Para los que no lo saben ese es el signo de mi madre (o del que era porque ahora también ella cambió de signo). Signo que llevo criticando desde mi cuna. Particularmente no soy muy Ludovica Esquirru pero cuando de Escorpio se trata soy más astrológica que el Planetario.
Esto me lleva a dos reflexiones:
Parece que es verdad aquello que siempre temí de que toda mujer termina convirtiéndose en su madre.
Si toda mi vida he criticado a Escorpio y ahora soy Escorpio me habrá llegado la hora de la autocrítica?
January 31, 2011 at 3:57 am |
¡¡¡¡que agobio!!!!!!! Luchar contra aludes, clishès y la insolación, hacerte cargo de la piel de tu cachorro de 30 años (que claramente se cree un superheroe q no necesita nada..ni siquiera Rayito de sol), resolver dudas existenciales sobre orientación vocacional de sobrinas, lidiar con vendedores ambulantes y taxistas desorientados…Tengo que decir que es demasiado, incluso para una superheroina…!
ahora para descansar de tanto viaje, necesitas vacaciones ¡¡urgente!!
January 31, 2011 at 5:35 pm |
Realmente has logrado captar la esencia de la ardua vida de una super heroína en los tiempos del Twitter… Uno no puede quitarse los brazaletes ni aún en vacaciones
February 12, 2011 at 8:16 pm |
Me encanta que se sigan haciendo esas cosas en la Liga. Creía que habían crecido algo, pero veo que siguen igual… hay que saber divertirse, eh?