Orgullosamente Melancólica…

Enero 31, 2010 por soydianaprince

Las normas sociales dictan que a nadie le gusta volver a trabajar después de las vacaciones…

En general, a la gente no le gusta volver a trabajar.

Yo, no soy la excepción.

Diría que yo soy el máximo exponente de esta ley.

Tal vez tenga un poco que ver aquella frase que mi madre no se cansaba de repetir en sus arrullos de cuna: El trabajo es la maldición bíblica.

A algunos les cantan temas de Maria Elena Walsh.

A mi me decían que “el trabajo es la maldición bíblica”.

La cruda realidad hasta las últimas consecuencias.

Después de unas vacaciones particularmente especiales donde pude vivir culturas y conocer lugares aún más distintos de los que ya había conocido, esa cruel canción de cuna, resonaba aún más en mi cabeza.

Dejé el sudeste asiático con particular melancolía. Un sentimiento bastante ajeno a mi persona.

Me preguntaba un poco por qué podía invadirme de esta forma este triste sentimiento hasta que lo recordé…

Recordé aquél viaje allá hace 25 años en compañía de mi madre, Gonchi (el segundo alias la flor de loto) y Vero (la sexta o la que me odió hasta los 20).

Un capítulo aparte merece el motivo de este viaje.

Mis padres y yo junto con la sexta nos habíamos mudado a Inglaterra dado que el Capitán Prince había sido contratado para trabajar en Control en reemplazo del agente 86 que se acababa de jubilar.

Una mudanza por 2 años repentinamente se convirtió en un paseo de dos meses debido a que a algún ilustre dictador (mi madre persignándose en este momento) se le había ocurrido la brillante idea de declararle la guerra a una de las mayores potencias del mundo para recuperar unas islas que ni sabemos bien dónde se encuentran ni para qué sirven.

Y, los Prince, fiel a nuestro estilo ubicados en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Si le declaramos la guerra a Inglaterra, nosotros en Inglaterra.

Si hay un tsunami en Groenlandia, seguro que ese día estábamos de visita por ahí.

Si cae un rayo que parte en dos Japón, ahí estaremos.

Impecable sentido del timing  de los Prince.

Así fue como el gobierno británico nos dio 4 días para abandonar su país. Todo con la mayor educación y buen trato. No en vano les he confiado hasta mi muerte a bordo de un globo…

Y entonces que hizo la familia Prince ante esta terrible situación?

Nos fuimos a hacer un viaje por Europa…

Hay formas y formas de vivir la guerra. No me van a negar que la nuestra es a puro glamour…

Mi cuñado, el marido de la quinta, que tuvo la brillante idea de seguir la carrera naval fue enviado a la guerra.

Nosotros, a viajar por Europa.

Algunos lo llamarían negación. Yo lo llamo cagarse en todo. Semántica pura.

Así fue que nos fuimos a viajar por Europa con Vero y Gonchi. Y acá llegamos a lo fundamental de este cuento.

Durante todo el viaje mientras mi madre me atosigaba con 200 fotos en Piazza Espagna, me decía una frase que aún hoy, 25 años después retumba en mi cerebelo.

Mirá bien que ésta puede ser la última vez que veas esto en tu vida.

Recordemos que yo tenía 8 años….

Imagínense  como ahora, 25 años años después, esas palabras cobran un nuevo y particular sentido.

Ahora entienden mi melancolía al regresar de vacaciones?

El viaje de Bangkok de 22 horas lo hice llorando.

Llorando porque tenía que volver a la maldición bíblica aún cuando ya no creo en nada y juraría que nunca llegué a leer la Biblia en toda su extensión y sin embargo la muy hija de puta hoy me estaba jodiendo…

Llorando porque nunca más iba a ver Birmania, Camboya o Tailandia. Mi madre me lo había dicho y si hay algo que debo reconocerle es que nunca me mintió.

Y para muestra sobra un botón: “No le mientan está muerto”.

Mis compañeros en el avión no entendían el por qué de mi depresión. Me miraban absortos intentando explicar qué me pasaba mientras le pasaban el mop al piso del avión intentando evitar una inundación aérea y ser así víctimas de una muerte tan poética…

Ni yo podía entender qué me pasaba.

De pronto un horrible frío recorrió mi nuca. Conocía esta sensación claramente. Era pánico. Pánico a que mi personaje me hubiera comido.

Se preguntarán de qué personaje hablo, no?

Enseguida se los explico.

Como les comenté hace poco me hicieron una producción fotográfica para una importante revista femenina.

Finalmente esa nota salió publicada y entre las frases destacadas podía leerse una frase que vagamente recuerdo haber pronunciado: Yo no juego al fútbol con mis compañeros de trabajo pero busco otras formas de relacionarme con ellos.

Claro…La frase aparecía destacada porque era la típica frase que una lectora de esa revista pronunciaría.

Qué pudo haber pasado por mi mente para pronunciar semejante boludez? Será que el espíritu de esa revista se había apoderado de mí? Volvería a ser la misma de antes o ahora me dedicaría a leer recetas de espárragos al gratén y a consultar el horóscopo chino?

Podría este ataque de llanto ser tan sólo una de las evidencias de que me había convertido en la Karina Yelinek de los Super Héroes?

En eso escucho que uno de mis compañeros de vuelo dice: Y… Es mujer. Vos viste que las minas son así.

De pronto el pánico dio paso a otro sentimiento. Un sentimiento aún más fuerte y ensordecedor… La furia.

Agarré a esa persona del cuello de la camisa y comencé a revolearlo por el avión mientras le exigía que se retractara de lo dicho. Por temor a que provocara un accidente en el avión esta persona se disculpó.

Así volví a sentarme en mi asiento mientras intentaba desetrañar porqué esa frase había despertado sentimientos tan fuertes en mí.

Varias veces he escuchado a algunas mujeres decir grandes boludeces justificándose con que son mujeres.

Otras tantas veces he visto a otras mujeres hacer boludeces aún mayores porque, según otros, son mujeres.

He escuchado a mujeres con importantes investiduras pronunciar frases como “volemos como pollos y comamos como chanchos” y luego apelar a sus “hermanas de género”.

Años de situaciones como éstas despertaron en mí un sentimiento horrible.

Un sentimiento aún más fuerte que la vergüenza ajena.

Aún peor que la propia vergüenza. Un sentimiento que hace que prefiera hacerme cargo de las boludeces que hago y digo a intentar justificarlas sobre la base de alguna condición sexual.

Existe para mí otro sentimiento aún peor a todo esto.

La vergüenza de género.

En eso me levanté de mi asiento y me dirigí a quien había osado insultarme.

Lo miré fijo a los ojos y le dije:

Que te quede claro. Que si yo hago y digo boludeces  no es porque soy mujer. Sino porque soy una boluda. Y a mucha honra.

Repensando Esto del Turismo Aventura…

Enero 17, 2010 por soydianaprince

Varias veces me han escuchado decir que me gusta el turismo aventura.

Si hay un océano que navegar,una montaña que escalar o un animal que tocar (siempre y cuando no sea una víbora porque las detesto) ahí estoy en primera fila lista para disfrutar la aventura.

O al menos eso pensaba…

Sin embargo tengo que reconocer que hasta ahora había viajado a países altamente desarrollados. Países donde las aventuras están altamente controladas y reglamentadas.

A ver… Te da una cierta seguridad firmar un papel que dice que te hacés responsable si te morís saltando de un  puente.

Le da como una cierta entidad a la cosa.

Uno se imagina que si se muere saltando de un puente al rato aparece el escribano de Susana que certifica la muerte, firma el certificado de defunción y lo envía junto con ese acuerdo que firmaste y lo que quedó de vos a tu familia. Todo por FedEx para que no se pierda nada en el camino.

Y sabés que seguro en un país como Nueva Zelanda o USA tal vez esto lo han probado un millón de veces. Seguro han calculado la resistencia de la soga versus el peso así como las probabilidades de que te rompas la cabeza en un salto de rebote.

Pero… Qué les voy a decir… En Myanmar ya la cosa es un poquito distinta.

Dudo que haya mucho cálculo a la hora de armar una de estas actividades.  De última… lo atan con bambú implemento que les sirve para hacer sombreros o construir casas.

Llámenme prejuiciosa pero tengo mis dudas de una sociedad que se caga de hambre y sigue construyendo pagodas.

Por momentos daban ganas de decirles:

Y no te da para dormir en la pagoda que está hecha de ladrillo en tierra firme mientras que tu casa está hecha de bambú en el lago? A Buddha lo podés mandar a dormir al lago… Al fondo.

No sé. Te tiro una idea nada más…

Entonces cuesta un poco confiar en esta gente para que programen una actividad de aventura.

A ver.. Aventura en estos países es cruzar una calle en Camboya entre medio de un millón de scooters por ejemplo.

O no morir a manos de una víbora que se pasea muy tranquila por el lobby de tu hotel.

Ni que hablar de la lagartija asquerosa que entró en mi habitación. Sé que la lagartija no te puede matar pero sí tal vez te puedas morir del asco…

Esa noche ni la lagartija ni yo pegamos un ojo.

Ella se negaba a abandonar su habitación.

Yo, a dormir en tanto ese bicho estuviera ahí.

Esto no se da muy bien con mi afirmación de que me gusta el turismo aventura, no?

Esto pensaba cuando viajaba en un bote (bote no barco) en el medio de un lago en Myanmar: Inle Lake. Solo me acompañaba el conductor y el guía.

A nuestro alrededor, sólo barcazas de pescadores.

Pensaba yo, qué pasa si se nos da vuelta este bote?

Mi única salvación consistirá en confiar en el guía que justamente hoy me dijo que él ya iba por su tercera vida. En una había sido monje y en las otras dos novicios.

Está todo bien con el budismo pero en tanto no seas budista afirmaciones como ésta te hacen pensar: a este le chifla el moño.

No obstante todas mis dudas al respecto decidí embarcarme en un vuelo en globo en Bagan, un pueblo birmano perdido en el medio de la nada. Un lugar increíble…

El día anterior a la aventura le preguntaba al Sr. Oo, mi guía en Bagan, respecto de cómo funcionaba este vuelo. Y la verdad entenderle a un birmano en inglés es más difícil que entenderles en su lengua nativa.

Durante toda mi estadía en Bagan, Oo no se cansó de repetir que era mi hermano en Bagan. Eso sí se lo entendí…

Les digo la verdad: No necesito más hermanos. Tengo suficiente con los que tengo. Imagínense las páginas de blog que podría ocupar un 7 hermano… birmano.

Sin embargo, tampoco me extrañaría.

Cuando tenés 6 hermanos, uno más no te hace nada. 6, 7. Es lo mismo. La herencia ya está perdida. A no ser que seas el séptimo hijo de Amalita Fortabat.

Pero volvamos a mi vuelo en globo.

Al día siguiente me levanté al alba para partir rumbo a esta aventura.

Si hay algo que tienen estas actividades es que arrancan de madrugada.

Me parece que tiene que ver con que la muerte sienta mejor en ayunas.

No sé. Una idea.

Así llegué al lugar desde donde despegaba el globo. En eso se acerca a mí un señor que se presenta como: Bart.

Era claro que Bart no era birmano asi que me apresuré a preguntarle de dónde era.

Soy inglés. Toda la tripulación es inglesa.

Casi sin pensarlo lo abracé y besé mientras le agradecía.

Bart se alejó sin entender mucho qué había pasado.

Si hay algo que tengo en claro es que los ingleses son tan formales como los neozelandeses o los americanos.

Seguro que le van a mandar mis restos a mi familia. Y es más me imagino que fiel a su educación y su humor le agregarán una nota que diga:

Lamentamos mucho su pérdida. Espero que les sirva saber que Diana murió con una enorme sonrisa en sus labios.

El Discreto Encanto de las Fobias…

Enero 14, 2010 por soydianaprince

Retomemos un detalle (o mejor, “detallecito” como se empeñan en decir las vendedoras de ropa) del post anterior.

La negativa de mi psicóloga a bajar la cantidad de sesiones de terapia semanales.

No está bueno.

Una serie de pensamientos apocalípticos empiezan a cruzar tu mente.

Evidentemente estoy peor de lo que pienso.

Tal vez sea un peligro para la gente que me rodea. Podré ser más letal que los fideos con paté?

Y sin embargo algo me molestaba más que esto.

Que me hubieran dicho que no a algo.

Si yo soy capaz de irme a un bautismo en 3 arroyos para volver en el día a un casamiento en Paternal, cómo esta mujer me puede negar un pedido tan simple?

Y ahí entraron a jugar en mi cabeza esas locas ideas emancipadoras del tipo “Si yo le pago a esta mujer. Puedo decidir dejar la terapia cuando quiera”.

O no ?

O estoy condenada a seguir terapia hasta que esta mujer se muera. Con un poco de suerte ninguno de sus hijos heredará sus pacientes y ahí sí por fin me veré librada de esta condena…

Palabras más. Palabras menos. Estos pensamientos cruzaron mi mente.

Y así llegué a la siguiente sesión donde, fiel a mi estilo, le vomité mi irritación ante su negativa.

Y contame, Diana… Estuviste pensando en esto ? Te quedaste con eso en la cabeza?

Y de golpe empezás a sentir que esta conversación no puede terminar bien y que es probable que en lugar de 2 sesiones semanales termines en 3…

Y querés callarte pero no podés…

Porque lo que decís es lógico.

Y el cómo y el sentimiento detrás de esto no importa.

Otro día hablamos de este otro “temita” que es más un “detallecito” de mi personalidad psicótica.

Y mientras hablaba en la sesión recordé la última vez que me había sentido “oprimida” ante una situación.

Una cierta noche en Madrid en la que decidí que tenía que volver a casa y pensaba cosas como: Y yo no voy a volver más a mi casa? Y me voy a quedar a vivir fuera toda la vida? Y no voy a estar para el entierro de la chinchilla de Iñaki?

Palabras más. Palabras menos.

Y así de un día al otro resolví emprender el regreso a casa en medio de la mirada perpleja de varios.

No lograba entender el por qué de esa angustia y cómo el tener que ir dos veces por semana a una psicóloga se podía siquiera comparar a tomar una decisión que cambiaría mi perspectiva ante la vida.

Y de golpe escucho a mi psicóloga decir:

Sabés que pasa, Diana? Tenés miedo a quedar entrampada.

Pero yo no le temo al compromiso, Inés. Ya te lo dije varias veces…

Y yo varias veces te comenté que sos fóbica.

Con esa frase dejé la sesión mientras Inés llamaba a tasador y le notificaba que iba a tener que vender la casa que se había comprado en Marbella…

Lo primero que veo al salir de la sesión es un mail de una persona del mundo del stand up dándome 10 indicaciones para mi próximo show.

10? No será mucho???

Estamos hablando de stand up. O sea, pararse y contar chistes.

Da para tanto?

Y parecía que sí.

Y mientras leía la recomendación número 5 pensaba…  En qué momento esto se convirtió en un laburo?

Si yo con canto estaba tan bien… Eso sí que no me exigía el más mínimo esfuerzo. Lo bueno de tener un hobby para el cual no tenés el más mínimo talento…

Y sin embargo, cumplí con todas las recomendaciones al pie de la letra porque ante todo soy hija del rigor…

Bueh… Casi todas las recomendaciones. 70 volantes del show en mi cartera dan fe de que no cumplí con la recomendación de volantear.

Pero me disculpan… Ustedes saben que ante todo soy una diva. Imagínenme en la calle Corrientes con mi bombachudo y cinturón y mis brazalentes… No da.

Y casi después del show partí rumbo a mi nueva aventura. Un viaje por el sudeste asiático que comenzó en Camboya.

El vuelo fue una odisea. Miles de escalas, cambios de avión, diferencia horaria…

Y sin embargo nada de eso me molestó tanto.

Lo que no podía soportar era verles las caras a los mismos pasajeros que habían salido de Buenos Aires conmigo…

Y claro. Ya hacía 22 horas que viajábamos juntos en una jaula de 2 x 2 con baja concentración de oxígeno.

Yo ya había escuchado hablar de la “comezón” de las 22 horas….

Esta Inés… Pensar que yo puedo tener algún problema con el compromiso… No entiende nada.

Y finalmente llegué a Camboya.

Y un poco entendí porqué Angelina Jolie adoptó un bebe camboyano.

Son lindos…

Y re baratos.

Está mal decir eso?

Pero por un dólar te podés comprar todo Camboya. Literalmente. La tierra y su gente.  Y viene con una promo en la que te dan una mina terrestre también.

Se nota que me alejé del mundo corporativo hace ya una semana?

Camboya no se parece en nada a algo que haya visto alguna vez en mi vida.

Otra cultura. Otra civilización. Otras creencias.

Es raro cruzarse una delegación (o será un cardumen? o manada?) de monjes budistas entrando a un avión. Y de golpe pensas.. Este, justo este avión, no se va a caer.

Está mal decir eso?

Y recorrí los templos de Angkor. Templos abandonados cuando Tailandia invadió Camboya. Y tuve la mala suerte de que me tocara el famoso guía camboyano loco.

Si había una endija, un precipicio, un pantano para evitar… Nosotros no lo ibamos a hacer.

Mis botas llenas de barro.

Mis brazaletes oxidados.

Un horror.

Llegué al hotel y dije… Me merezco un masaje… Camboyano.

OK. El masaje camboyano no es famoso. Pero Tailandia está cerca asi que debe estar bueno.

Lo que siguió fue una hora de sufrimientos e incómodas posiciones a manos de un seguidor de Pol Pot.

A ver… Cuando digo incómodas posiciones… Hablo de posiciones que me he negado muchas veces a adoptar a manos de personas con las que tenía una relación mucho más íntima.

En eso este torturador me dice:

Merry?

Merry Christmas?

What pass Carlos Paz?

No te entiendo…

Y siguió intentando hacerme entender lo que quería preguntarme hasta que un gesto con su dedo anular me aclaró todo.

Marry?

Casarse?

No será un poco pronto? Apenas si nos conocemos… Aun me quedan tantas experiencias por vivir…

Y así sin más… Me vestí y abandoné la sesión hecha un nudo de tensión.

Miedo al compromiso yo?  Pero qué pavada.

El Día que Alessandra Rampolla se Convirtió en mi Curadora…

Diciembre 25, 2009 por soydianaprince

No sé en qué momento se dio el cambio…

Pero algo pasó en los últimos años.

Si no no se explica.

Siempre he tenido fama de heroína de “armas tomar”. Una heroína “con carácter” y sin embargo ya no quedan en mí ni vestigios de lo que alguna vez fui.

Cualquiera maneja mi vida hoy.

Piensan que es joda? Qué es una exageración?

A las pruebas me remito.

Ya ha quedado empíricamente comprobado que los programas manejan mi agenda. Mis actividades dictan el ritmo desquiciado de mi vida. De Morón a un cocktail en alguna embajada sin escalas. Si una amiga o en su defecto una embajadora lo deciden, ahí estaré. No importa si para eso tengo que pintarme las uñas con marcador indeleble en un auto en movimiento. Ahí estaré.

Pero esto ya ha llegado a límites insospechados.

Ahora hasta desconocidos dictan mi agenda.

Verán. Hace un par de días recibo un mensaje en mi teléfono. Una desconocida… Teresa… Invitándome a un asado de otra desconocida, Cecilia.

Teresa…. Está bien que Gra me quiera sin conocerme pero yo ya le dije que no la puedo querer sin conocerla (de hecho, a veces no quiero ni a personas que sí conozco) y mucho menos me voy a ir a un asado de una desconocida. Como si necesitará donantes adicionales de colesterol.

Diana, soy amiga de Dolores, la cuarta.

Seguís siendo una desconocida Teresa. Pero ahora todo encaja.

Esta es la misma hermana que mientras yo vivía fuera me mandaba a cualquier argentino viviendo en esas ciudades sin distinción de credo, color o raza y, lo que es peor aún, sin distinción de nivel intelectual. El único requisito, que fueran argentinos y vivieran en Houston o Madrid.

Así ya muchos me habrán escuchado decir en mi última rutina de stand up que en el último tiempo he salido con un pelotudo, un gay y un asesino convicto.

En honor a la verdad, he salido con 18 pelotudos. Los gays me los busco sola y, sí, lo del asesino convicto es, por ahora, una exageración.

Pero vuelvo a Teresa…

Teresa es una “conocida” de Dolores. Ni siquiera una amiga. Cecilia, una amiga de Teresa. Y entre Dolores, Cecilia y Teresa, las trillizas de alpaca, se han propuesto presentarme a alguien.

Y cuando digo “alguien” lo digo en el más estricto sentido del término. Alguien. No saben bien a quién. Solo alguien.

Esto pasa cuando uno pasa por bastante los 30 y sigue, en las palabras de un gran filósofo contemporáneo (Gonchi, el segundo) “con el pescado sin vender”…

Frases como esa y “salí de ahí, feto” han hecho mucho por mi autoestima. Si las superás con menos de 26 sesiones de terapia, podés con todo.

Parece que el estar sola demuestra una gran incapacidad. Una que uno no demuestra en otras áreas. Y ahí el escuadrón de la muerte, integrado por las trillizas de alpaca y tus amigas casadas, se empeñan en presentarte “alguien” tal vez con la esperanza que puedas gozar lo que ellas ya han podido disfrutar… Décadas de infelicidad.

No es tan así. Conozco mucha gente casada feliz. Con acceso ilimitado a altas dosis de Rivotril…

No. En serio. Hay gente casada que es feliz. Lo sé. Estos son tan sólo golpes de efecto para divertimento de mis lectores. Temo que mi psicóloga lea esto y me condene a 4 sesiones semanales.

Un capítulo aparte merece mi psicóloga a quien el otro día le planteé con gran liviandad visitarla tan sólo una vez por semana y me respondió:

No creo- Mientras llamaba a su corredor de apuestas y le decía que por ahora no apostara todo a Colita 156 (chiste solo para entendidos)

???

Estoy atrapada en una loca espiral de psicoanálisis. Y lo que es peor ahora también mi psicóloga controla mi vida.

Vienen en orden de importancia: la cuarta, Teresa, Cecilia, mi psicóloga, Damián (que define cómo me visto de pies a cabeza) y Clarita.  Con 12 años parece que tiene menos temor al compromiso que yo y eso la habilita a controlar a su tía.

Ah… Y me faltaba Vicky, mi ahijada.  Hace un par de días me quedé a cuidarla y, sin lugar a dudas, marcó la agenda de ese encuentro.

No pienso tomar esa mamadera e irme a dormir asi que pensa en algo- Dijo balbuceando.

Y le hice caso.

Vimos dibujos hasta que me quedé dormida. Me arropó, sacó los dibujitos y puso a Alessandra Rampolla que justo ese día habló en su programa de mujeres que se dejan dominar en juegos sexuales.

Me hacía la dormida con mi chupete en la boca mientras de reojo veía a Alejandra hablandole a una enorme vagina. Uno nunca sabe lo que puede aprender en estos programas.

Quiero creer que sólo intentaba aprender algunas lecciones que me había perdido. Me niego a pensar que Alessandra Rampolla también controla mi vida.

Pero volvamos a Teresa por favor.

Finalmente ese asado quedó en la nada.

Sin embargo, una semana después me vuelve a llamar Teresa que ya ahora se presenta como “Tere”.

Tere…Sa. No insistas. Por más que uses apócopes de tu nombre sigo sin conocerte.

Esta vez me invitaban a una comida en la calle Arroyo.

Como bien dijo una amiga: Nunca en el Once, Diana.

Viniendo de la cuarta era de esperar. Ya les he explicado que ella es de la rama paqueta de los Prince.

Haciéndome eco del hecho de que ahora Teresa maneja mi vida, acepté esa invitación.

Así llegué yo a la calle Arrossssssssssssho para encontrarme con un montón de desconocidos que sabían toda mi vida.

Asi que cantás, Diana?

Mi hermana había decidido “saltear” el hecho de que hago stand up comedy. Esta disciplina no tiene tan buena recepción en familias con apellidos patricios. Dicen que el teatro es de “zurditos de mierda”. O eso lo dijo mi madre?

En eso escucho…

Diana, te presento a mi hermano, Alejandro…

Y ahí estaba. La temida frase.

Hola Alejandro…

Hola Diana, dijo este hombre con una confusa pronunciación…

Alejandro vive en Texas, dice Cecilia.

Mi hermana evidentemente había olvidado mencionar que yo había vivido en ese mismo estado y que, había salido de él, disparada de un cañón al mejor estilo la “mujer bala”.  Es decir, que en mis planes no estaba ni cerca volver a la capital de los cowboys y de las cirugías bariátricas.

Aunque tal vez sí esté en los planes de mi hermana que yo vuelva ahí.

Y está visto quien manda en mi vida.

Cualquiera menos yo.

Encantadoras Peculiaridades o Psicóticas Contradicciones?

Diciembre 20, 2009 por soydianaprince

No sé si fue una reacción para evitar convertirme en Mmmmme alegro o qué. Lo cierto es que esto es así hoy.

Permítanme explicarles…

De chica cuando asistía a algún lugar con mi vieja siempre estaba el chiste de “Nonin se va cuando los dueños de casa se van a dormir”. Palabras más. Palabras menos. Mi vieja termina ella las fiestas y en el camino también con los anfitriones.

Y no vayan a creer que es en realidad porque se queda a ayudar a los dueños de casa a lavar los platos. No señor. Porque en las palabras de mi madre “Yo  ya he cocinado y lavado ropa y platos para 10 personas durante toda mi vida. Ya a esta altura no”. También ha cosido bolsillos de bermudas hasta cerrarlos, o tejido bombachudos naranja fluo para una beba que no era negra y dado clases de descongelamiento de comida en microondas pero dejemos algo para otro día…

Hace poco estaba yo en un evento bastante entretenida. Permítanme reforzarlo, realmente muy entretenida. En eso los dueños del lugar avisaron que teníamos que irnos. Por un momento, me corrió un horrible frío por la espalda. Me habré convertido en mi vieja???

En eso escucho como una amiga me grita: Diana, NUNCA te quedas hasta el final de un evento y hoy justo que nos echan sí???

Y así respiré aliviada… Evidentemente esto había sido una excepción. No estaba convirtiéndome en la espadachín de los alimentos congelados.

Al salir de ese lugar, algunos decidieron seguir la joda y yo, fiel a mi estilo, decidí replegarme a cuarteles de invierno.

Al día siguiente mi nunca suficientemente bien ponderada psicóloga me dice:

Y por qué te fuiste? Te estabas aburriendo?

No, le respondo.

Y entonces por qué te fuiste?

Prefiero terminar yo las cosas, respondí sin pensar.

En ese momento se activaron todas las alarmas en el consultorio de mi psicóloga, bajó del techo un efectivo de SWAT que me neutralizó mientras dos empleados de un neuropsiquiátrico me maniataban…

OK. Eso no ocurrió. Pero en la mente de mi psicóloga algo así debería haber ocurrido después de semejante frase.

Sabés qué, Diana? -Continuó mi psicóloga a la vez que llamaba a su corredor de bolsa para pedirle que le comprara otras 1000 acciones en la bolsa ante la evidencia de que tendría trabajo por lo menos durante los próximos 50 años- Vos no te quedas hasta el final en una fiesta porque evitas la intimidad propia de los finales de fiesta. Cuando sólo quedan los íntimos y todos se sacan las caretas y hablan de uno mismo…

El día que yo comprenda por qué le pago a esta mujer para decirme estas cosas seguramente voy a estar curada… De verdad que mis tendencias masoquistas superan los límites de lo imaginable.

Sin embargo, le sigo pagando.

Otra de las tantas contradicciones de mi vida.

Como ser una persona altamente sociable que, de hecho, se nutre del contacto con otros… Y a la vez tener miedo a la intimidad.

Y ojalá esa fuera la única contradicción en mi vida.

Pero las circunstancias se empeñan en restregarme otras tantas.

Esto pensaba hace un par de días mientras posaba incómodamente ante una cámara fotográfica.

No. No he decidido dedicarme al modelaje profesional.

Sin embargo una muy reconocida revista femenina me pidió hacer una nota sobre mujeres superheroínas y para esto me citó en una plaza del Disney World portenó… Puerto Madero.

Luego de entrevistarme la periodista me dice:

Y ahora hacemos unas fotos y ya te libero.

Qué???? Fotos???? Preguntaba mientras un señor sacaba de su funda una cámara que parecía un misil y que, para mí, de hecho lo era.

Cruza los brazos.

Ahora las piernas.

Ahora mirá haciá la derecha.

Ahora mirame a mí.

Si me gustara recibir órdenes habría seguido la carrera militar, le dije al fotógrafo entre dientes intentando mantener una sonrisa que se veía más incómoda que alguien que está siendo sometido a un examen por un proctólogo.

Soy una persona que se para frente a un público de 80 a 100 personas a intentar hacerlos reir y sin embargo detesto el protagonismo al que me expone una cámara de fotos.

Unan las anteriores contradicciones e imagínense lo pesadillesco que me resulta la perspectiva de un casamiento… Y no les cuento si es el mío. Fiesta hasta el fin y figurar en todas las fotos. Pero este temita no lo tengo resuelto aún asi que dejenme un par de sesiones de terapia más para poder hablar de él…

Cuántas contradicciones caben en una persona?

Donde dejan de ser graciosas para pasar a ser… psicóticas?

Hace poco, también por mi reconocido trabajo como super heroína me invitaron a un programa de radio de una decadente y decrépita actriz… Una mujer famosa por su voz ronca…

Y ahí fui yo a hablar de los gajes de ser una super heroína en un país subdesarrollado. Y le decía…

Menos mal que vuelo porque imaginate si la lucha contra el mal dependiera del funcionamiento de los subtes…

En eso “Gra” me dice:

Ay, Diana, amorosa… Sos una divina… Te quierooooo

Y ahí, en las palabras de mis antiguos compatriotas, flipé.

Mirá, Gra, no te conozco. Es más, nunca vi una película tuya. Asi que no podés quererme y lo que sí tengo en claro es que yo no te quiero. Es más a esta altura ya casi que te odio.

Yo no logro quedarme a un fin de fiesta y vos a 3 minutos de conocerme me decís que me querés.

Me firmás un autógrafo?

Seré fóbica pero también soy cholula.

Es esa otra contradicción?

Entre la Versatilidad y el Fundamentalismo

Diciembre 8, 2009 por soydianaprince

Versátil es una palabra que he escuchado mucho últimamente en referencia a mi persona…
Fundamentalista también.
Los dos tienen algo de razón.
La diferencia entre uno y otro está tan sólo marcada en mi habilidad por tocar todos los colores de la paleta.
Los grises que le dicen.
Primera verdad sobre mi persona: Odio los grises.
Me recuerda a aquella frase que no se cansa de pronunciar mi vieja: Odio la Soledad…
Pero no. Yo no odio a Soledad, digo la Soledad, odio los grises.
Los extremos tan propios del fundamentalismo marcan mi zona de comfort.
En estas dos semanas he ido de la solemnidad al ridículo; de la seriedad a las carcajadas, de la oscuridad a la más absurda e ilógica fe.
Escena Uno.
Oficina de la Liga… Preparándome para una de las 200 fiestas de fin de año en las que participaré en el lapso de dos semanas.
Casi lista….
Una amiga me ve y me dice:
Así NO. Ya mismo te pintas las uñas de los pies.
Te parece?
No doy abasto. Las exigencias de una diva no tienen fin.
Y así procedí a hacerle caso.
Es interesante analizar este punto. Soy una heroína que se caracteriza por su carácter inquebrantable y sin embargo cualquiera puede darme órdenes en términos de estética. Subite esto, sacate lo otro, ponete esto, depilate aquello.
Hay una incongruencia entre mi carácter y mi ductilidad a la hora de seguir consejos en estética.
Y este no es un tema menor.
Porque si lo fuera… Lo que sigue no habría ocurrido.
Salí yo con mis uñitas pintadas. Regia rumbo al evento.
El evento fue… Otro evento.
Al día siguiente tenía que ir de la Liga a un show de stand up donde presentaba mi nueva rutina.
Me estaba cambiando cuando, con gran horror, descubro que una uña del pie se había despintado y, “para colmo de males” (qué frase retro!), no tenía esmalte para arreglar semejante atrocidad.
Así fue como una compañera tuvo la brillante idea de…
Pintarme con un marcador.
Y yo, fiel a mi estilo de dejar que cualquiera me asesore en estética, la dejé.
Mi dedo parecía engangrenado y como no tenía los elementos necesarios para amputarlo, decidí cubrirlo con una enorme curita.
Y así subí al escenario a presentar mi nuevo material.
Primera prueba de verstatilidad/fundamentalismo: una noche asisto a un selecto evento de la Liga, la noche siguiente me subo a un escenario a hablar de barbaridades tales como ser un ícono gay o el abogado del diablo.
Habrá algo de versatilidad en ser un ícono gay y a la vez el abogado del diablo?
O, tal como lo predica el Opus Dei, ser un ícono gay es ser el abogado del diablo? O peor aún, es ser el diablo mismo?
Madonna es el diablo???
Al día siguiente, me levanto un tanto atontada producto de las muchas noches de escaso sueño y al intentar sacarme el marcador de mi uña descubro que…
Era marcador indeleble.
Y ustedes creían que ese término era tan sólo una vil estrategia de marketing de Pelikan para vendernos unos marcadores a mayor costo?
Pues no.
El marcador indeleble no sale.
Y yo, al igual que Carlos Sacaan, lo garantizo.
Ese día mi hermana se entera de este episodio y me dice:
Pero Diana… Vos sos una mujer seria. No podés hacer estas pelotudeces y dejar que te pinten las uñas con marcador.
Soy una mujer seria? Le preguntaba yo a la amiga que me había pintado la uña de marcador mientras la ayudaba a guardar sus pocas pertenencias en una cajita y la acompañaba a la salida junto con el personal de seguridad de la liga…
Y si soy seria, cómo es que cada tanto me subo a un escenario a pretender que soy cómica?
Seré tan patética como un payaso triste?
Segunda verdad Prince: Odio los payasos.
Escena Dos
Festejo por la despedida de la secretaria de la liga.
Sí. Festejo.
No hubo ningún error.
Hacía un año que varios contábamos los días para la jubilación de esta mujer cuyo tono de voz hacía ladrar a los perros y llorar a los delfines.
Y finalmente ese día llegó.
Y, como además de seria y cómica soy políticamente correcta, le organizamos una despedida a pura fanfarria.
Y tuve que hablar para despedir a esta mujer que me había taladrado el cerebro durante 14 años.
Y no pude…
Por qué?
Porque se me quebraba la voz!!!
Pero si yo quiero que esta mujer se vaya casi tanto como quiero que expulsen a Ricardo Fort de Bailando por un Sueño.
Inexplicable.
Tan absurdo fue esto que una compañera me preguntó si era en serio.
Si yo pudiera fingir un llanto de esa forma en este momento estaría en Hollywood trabajando en la próxima película romántica de George Clooney.
Con un cierto tono de sorpresa otra compañera me dijo “Sos humana”.
Ofensas gratuitas no!!!
Acto seguido me dirijo a otro de los tantos eventos bizarros a los que debo asistir por mi trabajo. Una entrega de premios de una organización dedicada a la seguridad vial.
Con mi trabajo he contribuido a detener numerosos accidentes de tránsito y así he salvado incontables vidas.
Y mientras entregaban los premios con desagradables imágenes de fondo de gente muriendo en accidentes de tránsito, yo no podía contener mis carcajadas ante lo paradójico de que quien entregara los premios fuera el Director de la Morgue.
Va en contra de sus intereses que los accidentes disminuyan!
Pero no entiendo.
Soy humana o soy cínica hasta la médula?
O estoy totalmente loca?
Otra vez el más puro fundamentalismo.
Así me gusta.
Escena tres.
Sábado 10 de la mañana me presento a un programa de radio para hablar de liderazgo femenino.
Al salir entran a mi celular cerca de 200 mensajes entre los cuales destaco uno:
Y eso que no saben qué haces los sábados a la noche.
Los sábados a la noche hago muchas cosas pero en particular… Ese sábado me presentaba en un show de stand up.
Del liderazgo femenino a compartir con 80 desconocidos las vicisitudes de ser una mujer.
De la oscuridad a una esperanza que como tal no tiene el más mínimo asidero.
Como bien dijo una poeta española “La esperanza te hace soñar con felicidades futuras, te impide darte cuenta de la caricia del ahora y piensas que es menos de lo que te puede traer la vida”.
Del negro al blanco… Como diría Michael Jackson.
O, como bien dijo un amigo:
Sos una mezcla de Zulma Lobato con Ricardo Fort. Mezcla de éxito, carisma, delirio y operaciones.
En qué quedamos?
Soy Zulma o Ricardo?
Nada de medias tintas.
Puro fundamentalismo mediático.

Si Querés Llorar, Llorá… Pero No Acá.

Noviembre 22, 2009 por soydianaprince

Se acabó la haraganería… Y citando a mi ídola de la caja boba… ASÍ NO.

Pido disculpas a mis lectores (son 3) por mi inesperado mes de ausencia pero en el último mes me la he pasado de viaje intentando vanamente acabar con el crimen en el mundo.

Creo que es hora de que alguien me enfrente a la cruel realidad al mejor estilo “No le mientan. Está muerto” y me digan “El mal siempre gana”.

Pero no. Pongámosle onda que ésta debería ser una buena semana. Una semana plagada de acontecimientos.

Tengo muchas cosas para contar y un gran desorden mental para variar. Otros lo llamarían quilombo. Yo no. De hecho, no puedo creer que haya escrito esa palabra en un espacio tan público.

Verán ustedes… He descubierto que tengo una tara más. Y sumamos 126 con ésta. La nueva tara es: no puedo decir malas palabras con un público que supere las 5 personas.

Regla arbitraria si las hay.

Se preguntarán ustedes cómo he llegado a tal conclusión.

El otro día ensayando una nueva rutina de stand up (que estreno este miércoles 25 de noviembre a las 20.30 en Terraza Teatro Bar) tenía que pronunciar una mala palabra. Que de hecho ni siquiera lo es. Es tan sólo un nombre vulgar para una parte de la anatomía masculina…

Pues bien.

No puedo pronunciar esa palabra. Me da vergüenza y me queda mal. Para el orto dirían algunos…. Pero yo no.

Mis padres me han quemado la cabeza con su educación. Y sí… Seguro que los culpables son mis viejos. Marido no tengo. Asi que deben ser ellos.

Porque según tengo entendido (y por favor siéntanse libres de corregirme) una vez que una mujer se casa el hombre es el culpable de todos sus males.

O al menos eso me pareció entender hace poco en una reunión con mis amigas del alma.

Por Dios… En qué momento nos convertimos en un cliché de Lita de Lazari?

Y se los digo ahora y públicamente así no quedan dudas: si en algún momento me convierto en esto, matenme. Tienen mi autorización expresa.

Todo bien con mis amigas adoradas pero se los digo así… Próximo encuentro así y no respondo de mí si me convierto en Michael Douglas en Un Día de Furia.

Y en otro ataque de brutal honestidad les digo: Los maridos no son monstruos malvados salidos de una película de ciencia ficción. Son lisa y llanamente lo que nosotros los dejamos ser.

Pero volviendo a las malas palabras… Les comentaba que no puedo pronunciar palabras relacionadas con la anatomía masculina.

Y sin embargo, por qué la frase “qué dolor de huevos” me sale con tanta facilidad al punto que ahora algunas de mis compañeras de trabajo comienzan a repetir la frase sin cesar?

Eso sí que es liderazgo.

El otro día hablando con una compañera de trabajo me dice refiriéndose a un programa que estábamos implementando: Es un dolor de huevos.

Inmediatamente otra compañera dice… Eso lo sacaste de Diana!

Será este mi legado para con las futuras generaciones?

Y cuál es la razón por la cual puedo nombrar tan sólo algunas partes de la anatomía masculina? O acaso al hablar de huevos pienso que me refiero a una tortilla a la española?

Otra de las tantas inconsistencias en mi vida.

Pero hay una que descubrí recientemente que supera a esta dicotomía de p…/huevo.

En general soy una persona que no exterioriza mucho sus sentimientos. Por si no lo habían notado…

Esto se manifiesta en todo tipo de expresión de emociones.

Si me enojo, no grito.

Si me alegro, no me van a ver a los saltos.

Y si me entristezco, pocas veces lloro.

En mi vida, por suerte, he tenido oportunidad de demostrar esto incontables veces. Me he enojado, me he alegrado y me he entristecido mucho muchas veces.

Se me viene a la mente la frase de Alterio en Caballos Salvajes: La pucha que vale la pena estar vivo…

Pero para cliche ya tenemos a mis amigas puteando a sus maridos…

Pero volvamos a lo nuestro. Yo no lloro.

A mi la frase de “Si querés llorar, llorá” no me sirve. Sabelo Moria! Yo no lloro aún si tengo ganas de llorar.

Lo que se hereda no se hurta.

Todos en la familia Prince tenemos distintas formas de expresar nuestra tristeza. A saber…

Madre… Se victimiza al mejor estilo la Madre de La Nanny.

Gonzalo… Lo soluciona con “Qué cagada” y a otra cosa…

Fernando… Le pega a sus asaltantes.

Dolores… Putea a cuanto ser humano se le acerque. Solo su perro se salva…

María Jose… Hace la gran Chuck Norris. MIA. Desaparece.

Verónica… Se compra alguna joya. Si se tira a la pileta con todos sus anillos se va al fondo sin escalas…

Yo… Hago cosas. Tengo que solucionar las cosas. Aún cuando no la tengan.

Así fue que recientemente tuve que enfrentar una situación triste. Decir que la tuve que enfrentar es en las palabras de un gran comediante (Federico) un gran complejo de centro de mesa.

La mamá de mi mejor amiga se enfermó. Una mujer espectacular. Como varias veces le dije, mi mamá postiza (y cuando me invitaban a comer a su casa hubiera preferido que fuera mi mamá verdadera. Graciela sabía cocinar!)

Mientras mi amiga me confiaba su tristeza yo me apresuré a decirle: y por qué no vas a la psicóloga?

Práctico. Util.

Seguramente no lo que necesitaba.

Bah… Seguramente. Me dijo claramente que no era lo que necesitaba al comentarme que en la primera sesión de psicóloga le dijo: vengo porque mi marido y mi mejor amiga son un cero en contención.

Y saben qué ?

Tiene razón.

Igual les digo… Es bastante estresante ser así.

Mientras otros se quedan abrazando a quien la pasa mal… Yo corro por toda la ciudad buscando médicos, un pai umbanda, malabaristas y locomotoras a vapor en busca de alguna solución para un problema que no la tiene.

Y así pasó todo este tiempo y Graciela se fue.

Y en medio de esa tristeza yo lloré… Y lloré… Y lloré.

A ver si me entienden… De los 70 mm3 de precipitaciones de la semana pasada, 20 fueron mis lágrimas.

Lloré desconsoladamente al punto que mi amiga casi me termina consolando a mí. Y en eso le digo: soy un desastre.

A lo cual me responde: Sos peor. Sos del grupo de No Apoyo.

Y así casi imperceptiblemente deslizó en mi mano una tarjeta.

La de su psicóloga.

Dios los cría y el viento los amontona.

Acá Hay Gato Encerrado…

Octubre 18, 2009 por soydianaprince
Fellini

Fellini

Siempre dije que para mí la guita tiene sólo una función: permitirme hacer lo que me gusta hacer.

No es casual que con mi primer sueldo de la Liga haya decidido pagarme mis primeras clases de canto, hace ya 14 años.

Otra de las cosas que me gusta hacer con la plata es hacer regalos.

Los que me conocen bien saben que me gusta hacer regalos.

No por nada cuando a mi hermana le preguntaron hace poco por qué mi sobrina me había elegido madrina de confirmación, mi hermana respondió: Porque hace buenos regalos.

Tanto mi sobrina como mi hermana fueron excomulgadas de la Iglesia por haber dicho una gran verdad. No nos engañemos. Educación en la fe católica… No va a pasar. At least not on my watch.

Si quieren alguien que les dé educación en la fe católica, mejor que mis 5 ahijados empiecen a buscarse otro candidato.

Pero sí. Regalos es mi tema.

En general me gusta regalarle a la gente algo que ellos por su cuenta no se comprarían “principalmente” porque no gastarían la guita en eso. También me gusta regalarles algo que yo me compraría.

Y le agrego comillas al principalmente no porque esté comillera sino porque en general esa es la razón por la cual alguien no se compra algo que luego yo les regalo.

Asi que este año se acercaba el Día de la Madre y ya estaba harta de regalarle a mmmme alegro ropa de Awada. Este año quería algo distinto.

Un libro de cocina tal vez? Distinto era pero cuál sería la utilidad de ese regalo en las garras de la Emperadora de los Fideos con Paté? Sin duda era algo que ella no se compraría pero este regalo por otra parte no cumplía con la segunda regla de mis regalos. Yo tampoco me lo compraría.

Asi que seguí pensando y pensando…

Qué hace gran parte de su día mi madre?

Nada. Se pasa gran parte de sus días en su casa. Encerrada. Como una rehén sin secuetrador.

Qué es lo que más añora esta ama de casa de los alimentos congelados?

La compañía.

Y ahí se me ocurrió.

Qué puede acompañar a esta mujer en sus días de reclusión por opción?

A ver… Aclaración. Qué puede acompañar a esta mujer que no sea YO ???

Una mascota.

Pero qué excelente idea.

Brillante.

Y así pasé por una exhaustiva lista de potenciales mascotas que podrían acompañarla. Pensé en salvar una chinchilla de las garras de mi cuñado pero luego recordé que las chinchillas son sensibles a los ruidos. Conviviendo con mi madre esa chinchilla tenía un surmenage garantizado.

Perro ? Demasiado complicado para una mujer que hace poco me dijo que no podía esperar a un plomero porque se tenía que lavar el pelo…

Una iguana tal vez siguiendo la tradición familiar ya iniciada por Sopapa Man. Pero luego estaba el detalle de que yo las detestaba y luego cuando visitara a mi madre tendría que pasarme la velada con los pies en alto por terror pánico a que ese bicho se me acercara.

Un avestruz? No. Se comenta por ahí que son más boludas que las palomas.

Y así llegué a la mejor opción que mi escueta imaginación podía pensar… Un gato.

Vengo de una familia de perros.

A ver… Eso no sonó bien.

Vengo de una familia a la que le gustan los perros.

Los gatos no son nuestro tema por lo cual el sólo encarar la compra de un gato me generaba más estrés que tener que decirle a Iñaki que Sombra está muerta.

Y así arranco preguntándole a Fer… Dónde se compra un gato?

De dos o cuatro patas?

Esto puede tomar un buen tiempo…

Finalmente caí en una veterinaria donde vendían unos gatos siameses y veo también un gatito infame que parecía estar a un paso de acompañar a Sombra…

Sin embargo, algún resabio de espíritu maternal heredado de vaya a saber quién me hizo tomarlo y empezar a acariciarlo.

Moñito (así he decidido llamarlo) no se quiso apartar más de mí.

En una escena digna de Papá Corazón (un homenaje a Andrea del Boca que hoy cumple 44 añitos) la veterinaria me dijo: pero Moñito ya está apalabrado. Lo vienen a buscar mañana.

Qué?

Y para qué me dejaste agarrarlo? Sádica rural, asesina de ilusiones de criadero…

Todo esto lo pensé mientras me iba llorando desconsoladamente dejando a Moñito en la veterinaria… De música se escuchaba Trapiiiiiiiiito…

Justo había un cine de barrio donde estaban pasando un documental homenaje a García Ferré.

Al día siguiente ya un poco más repuesta volví a la veterinaria y le dije… Quiero uno de los siameses y casi sin respirar le pregunté:  

Cómo hago para que hagan pis en las piedritas???

Qué más tengo que saber sobre esto ? Qué más tengo que comprar?

No seas boluda que yo vengo de una familia de perros.

Digo, de una familia a la que le gustan los perros.

Me compré media veterinaria para un gato que mide cerca de 15 centímetros.

La veterinaria lo puso en una caja cerrada y mientras cruzaba la calle cargada como un equeco la caja comenzó a moverse como si en su interior hubiera una orca asesina.

Apoyé con calma la caja sobre un mostrador mientras pagaba el estacionamiento mientras la caja se zarandeaba provocativa (como Raquel) y de ella salían unos maullidos como si me acabara de comprar una mini Luciana Salazar.

De pronto, una señora pregunta temerosa:

Qué hay ahí adentro?

Un gatito de un mes que parece estar poseído, respondí yo mientras un señor se apresuraba a volver a meter la cabeza del gato dentro de la caja.

En el trayecto al auto intentando cargar con todo sin que el gato se me escapara pensé: tal vez esta sea la peor idea que haya tenido en mi vida… Casi tanto como aquella camisa con patchwork que me compré a los 20…

Ya en el auto, el gato se liberó de su caja y comenzó a andar por todo el auto.

Si me meas el auto te entrego a mi cuñado para que te despelleje y te congele junto con las salchichas y las 78 chinchillas (RIP).

En 20 cuadras que separaban la veterinaria de mi casa, el gato logró trepar hasta el apoyacabezas del acompañante y vino haciendo equilibrio ahí durante las últimas 10 cuadras…

Una escena digna de película de Fellini que, por otra parte, será el nombre del nuevo integrante animal del clan Prince.

Típico, me tenían que dar el único gato psicótico.

Ven una mina de 35 años comprando un gato y ya deducen que decidí cruzar esa fina línea que separa la cordura de la insania y que me gusta llamar…. Dignidad.

Llegué a mi casa, le armé al gato su cucha y demás menesteres y pensé:

Por qué no lo compré mañana y así ya se lo entregaba directo? Qué voy a hacer yo con este gato durante 24 horas?

Como la señora veterinaria me había dicho que debía mantener al gato encerrado en un espacio reducido para que se acostumbrara a usar las piedritas me dispuse a colocarlo en la cocina, un espacio de 2×2 que no sé bien para qué sirve y al que, en cierta forma, me gustó darle algún sentido aunque más no fuera por un rato.

El gato lloró horas hasta que no pude soportarlo y le abrí la puerta.

Ahí Fellini salió patinando de la cocina como Tom Cruise en Negocios Riesgosos. Se deslizaba al son de Great Balls of Fire desde una punta del living hasta chocar con el piano.

Ya jugada me llevé el gato a mi cuarto. A los dos segundos estaba en mi cama, enmarañándose en mi pelo. No sin antes haber hecho una caminata por un ceninero…

Dormí toda la noche mirando de reojo a este gato acurrucado al lado mío por miedo a aplastarlo en la cama.

Me levanté al día siguiente con un nido de horneros en mi pelo, cansada por no haber dormido nada y mi cuarto cagado por el gato y esto me sirvió para vislumbrar lo que podría ser mi impronta como madre: caos absoluto.

Cuando le conté a mis hermanos sobre mi brillante idea para regalo del día de la madre respondieron:

Qué hizo el pobre gato? Vas a soñar con gatos asesinos el resto de tu vida en venganza por lo que le hiciste a éste.

Vos te imaginás al gato anidando en el nido de caranchos que tiene Nonín? Va a parecer Gaturro.

Y por qué le vas a hacer esto al gato? Sos más sádica que María José con las chinchillas…

Con un absoluto pesar y una gran dosis de cargo de conciencia me dispuse a llevar a Fellini a lo de mi madre.

Cuando entro- y acá voy a hacer un paréntesis porque creo que el cuadro sin duda encaja con una película de Fellini anque de Mel Brooks- me encuentro a mi madre de camisón (4 PM) parada detrás de una silla detrás de la puerta.

Nunca entenderé porqué en su casa hay una silla detrás de la puerta de entrada…

Es por si llega algún visitante muy cansado?

Pero por sobretodo qué hacía ella detrás de esa silla? Según ella, haciendo sus ejercicios de kinesiología…

Hay cosas que prefiero no saber.

Le digo, con Fellini en la mano:

Feliz Día de la Madre. Este es tu regalo.

Me miró incrédula y con una sonrisa a medias me dijo:

Este año no te alcanzó para comprarme ropa en Awada? Ya lo decía yo… Es que gastabas un “toco” en regalos.

De Tal Palo, Tal Astilla…

Octubre 11, 2009 por soydianaprince

Creo que es una deficiencia hereditaria… Al menos creo haber visto situaciones similares en otras personas de mi familia…

O tal vez me gustaría poder culpar a otros de esto.

El tema es que no sé tener conversaciones difíciles. Lo mío es la de Don Alberto. Todo joia. Todo legal.

Si hay algo un poco más dificil, evitémoslo.

Podría pensarse que tengo la profundidad de Jimena Cyrulnik.

Pero no creo que ese sea mi problema.

Puedo sostener conversaciones de gran profundidad pero no me pidan que dé una mala noticia porque ahí me siento más inútil que mi vieja con un libro de cocina.

Insisto que debe haber algo de estilo familiar. Si las inhabilidades culinarias se propagan en esta familia por qué no las incapacidades emocionales?

Ya les he hablado de frases como “No le mientan. Está muerto”… Y no hablabámos de una tortuga precisamente. O la nunca suficientemente bien ponderada “Qué cagada” referida a esa misma situación.

Esas frases vinieron acompañadas de un pack de 230 sesiones de terapia claro está. A mi vieja y mi hermano no se les ocurrió que tal vez suavizándolas un poco podríamos habernos ahorrado por lo menos 100 sesiones.

Y así encaro yo conversaciones complicadas en mi vida.

En general se me da por tomar uno de dos caminos. El primero, te lo hago todo light y hasta si puedo te mecho un chiste. Una técnica que estoy puliendo mucho gracias a mi curso de stand up. El segundo, me conecto con lo que te digo y lloro como si me hubieran dicho que David Cameron va a hacer la segunda parte de Titanic. Por Dios… Di Caprio no se moría más.

Les tiro un par de ejemplos para que entiendan bien la dificultad de mi posición. Vamos a plantear una misma situación ficticia y su resolución siguiendo estos caminos.

Supongamos por ejemplo que se muere la chinchilla de Iñaki, mi sobrino. La única que logramos salvar de las garras de la rama Schocklender de los Prince.

Siguiendo el primer camino podría decirle a Iñaki: Gordito. Tengo una buena noticia para darte y una mala. La buena es que ya tenés regalo del Día de la Madre para Vane. Una estola de piel. La mala… Sombra, tu chinchilla é morta.

Encima si mecho con otros idiomas suena más light aún.

Ahora si sigo el camino dos…

Iñaki (ya puchereando) te conté de Archi? Mi dálmata? Yo lo quería mucho y Vero lo quería más que a mí. Lo tuve 14 años. Pero se murió. (Acá ya rompiendo en llanto desconsolado) Sombra se fue a hacerle compañía a Archi.

Y así me paso 3 días llorando. Tengo que pedir licencia psicológica en la Liga y pedirle a Aquaman que me reemplace.

Entienden cómo ninguno de estos caminos me funciona ?

En esta semana me he visto enfrentada a esta incapacidad en tres oportunidades.

En una he tomado el primer camino. Una situación que mezclaba muchas cosas. Me quise hacer la Karina Yelinek para que la otra persona no se estresara y el otro pensó que nada me importaba ni me preocupaba. La otra persona terminó internada en una clínica psiquiátrica y fue tratada por un surmenage. Se imaginarán la ironía de esto…

Luego por mi trabajo tuve que encarar dar una mala noticia a un grupo de personas. Mientras ellos exponían su tristeza ante esto yo miraba al cielorraso intentando que nadie notara que se me caían las lágrimas. Todos terminaron internados en una clínia psiquiátrica por depresión.

Nadie quiere ver llorar a un super héroe!!!

Y así encaré la tercera conversación difícil de la semana.

Sabrán ustedes que el negocio de los super héroes es un negocio dominado por hombres en su mayoría. En este circuito destaco bastante por ser una de las pocas mujeres que ha llegado a ocupar esta posición. Y es por eso que varias “compañeras de género” recurren a mí por asesoramiento para poder sobrevivir en este medio.

Así la LASS (Liga Americana de Super Héroes) me asignó una “mentee”. El objetivo de este programa es que como mentora ayudara a esta joven a desarrollar su capacidad de liderazgo.

Así fue que llegó el día en que conocería a esta niña. Tenía yo la misma exaltación que Angelina Jolie viajando a Camboya… Se parecería a mí? Y si era fea? La querría igual ?

Así abrí la puerta para encontrarme con gran desilusión con una chica que tenía prácticamente mi edad…Dicen que la personalidad de un ser humano se forja hasta los 12 años. Bueno. La personalidad de esta chica debía ser ya de hierro porque tenía casi 3 veces esa edad.

Qué puedo hacer con esto?? Moldearla a mi imagen y semejanza a los 34 años?

Nada personal pero a los 34 ya es un caso perdido. Con mucho esfuerzo he tenido que aceptar esto ya hace un tiempo.

Y para qué se anota una mujer de 34 años en un programa de mentoreo a esa edad con una mentora que tiene prácticamente su edad?

No será una de esas patéticas personas que buscan amigas hasta en los más inverosímiles lugares?

Esto y mucho más pensaba el día en que conocí a Lorena, mi “mentee”. Buscaba en vano la forma de plantear estos temas con ella. Sin embargo, no podía evitar pensar en las últimas dos oportunidades en las que había hecho planteos siguiendo las técnicas acuñadas en la familia Prince y en lo mal que me había ido.

Y ahí de repente se me ocurrió.

El hacerme la light no funciona.

El conectarme con el problema menos.

Tal vez, la mejor forma de encarar estas conversaciones sea NEGANDOLAS…

Después de todo ya lo he dicho varias veces (y hasta con gran sutileza me lo ha dicho mi psicóloga).  Soy ante todo una GRAN NEGADORA. Por qué entonces no negar el problema y ni siquiera traerlo a colación? Lorena parecía poder hacerlo con éxito.

Y así fue. Ignoré el elefante blanco y todo funcionó de mil maravillas.

Como será que hoy me voy con Lorena al zoológico. Parece que es verdad eso de que los padres quieren a sus hijos a pesar de todo.

Los Pelotudos Sean Unidos…

Octubre 4, 2009 por soydianaprince

Ayer un amigo me contaba cómo se había hecho la carta astral y me narraba cómo esto había arrojado muy precisos rasgos de su personalidad. 

Mi amigo es de libra con ascendente en tauro….

A mí eso no me dice nada. Con suerte sé qué día nací y sé que eso me hace sagitariana.

Pero debo reconocer que esto generó una cierta curiosidad en mí. Entender algunos rasgos de mi personalidad que hasta a mí me cuestan entender.

Sin embargo, también reconozco que la sola perspectiva de intentar comprender algunas cosas me asusta tanto como un plato de fideos con paté…

No logro imaginarme cómo una carta astral podría intentar explicar algunos rasgos de mi personalidad absolutamente antagónicos.

Tal vez esté excesivamente analítica.

Pero no lo creo.

Es tan sólo una semana en la cual dos reñidos rasgos de mi personalidad se han puesto de manifiesto con la misma obviedad con la cual sabemos que Zulma Lobato es un Señor (o traveco siguiendo las líneas del post anterior).

Cualquiera que me conoce medianamente sabe que a mí no debe recurrir por  indicaciones para llegar a ningún lugar. No importa que esté en la esquina de casa. El sentido de la orientación es tan ausente en mí como la humildad en los argentinos.

A ver… Creo que se los he comentado pero yo me he perdido en el complejo de departamentos en el que vivía en Houston. Di vueltas durante 20 minutos buscando desesperadamente la salida…

Cada viaje para mí en ascensor es una aventura. Nunca sé si tengo que salir para la derecha o la izquierda.

Me gustaría decir que exagero. Pero no.

Esto le da un cierto sentido de aventura a mis días. Nunca sé por dónde y cómo voy a llegar a algún lugar. Normalmente calculo media hora más de viaje para perderme.

Y sin embargo asumo esto con la parsimonia de un monje tibetano.

El sábado pasado un viaje que debería haber durado 30 minutos para mí duró 2 horas. En medio de una zona bastante aguerrida…

Y sin embargo, iba yo en mi auto cantando a los alaridos sin importar que mi gps hubiera consumido la batería de mi celular por lo cual, de tener algún problema, tendría que pedirle ayuda a alguno de los pibes chorros que con tanto anhelo miraban mi auto…

Pero nada… Yo tranquila.

Esta es la misma tranquilidad que me acompaña en los más bizarros e inverosímiles programas como por ejemplo el ver por tercera vez un musical que no me gustó ni la primera.

Que me perdone mi adorado profe de canto pero de verdad que luego de ver ese musical por tercera vez he llegado a la irrefutable conclusión de que su compositor está totalmente tronado y un buen día “flipó” con un delirio de deidad y dijo:

Saben qué? Voy a hacer lo que se me cante. Voy a componer un musical que dure 3 horas. Que sea en absoluto tono operístico sin importar si a la gente le gusta o no la ópera y es más… Saben qué? Los voy a cagar a todos y no le voy a poner ni medio peso encima con lo cual la producción va a consistir en vestidos ridículos diseñados en una sedería del Once y un cajón que entra y sale de escena simbolizando una cama…

Palabras más… Palabras menos… Eso debe haber ocurrido.

Pero como mi querido teacher me invitó… Ahí fui.

Ante mi queja a mi psicóloga ante tamaño garrón ella me preguntó: Y por qué vas???

Por momentos surge en mí el responder: Porque soy una pelotuda.

Pero no. No es eso. Aunque algo de eso debe haber. Algo de pelotuda debo tener…

Pero es que considero que para mi profe y amigo era importante que yo lo viera y ahí fui. Y lo acepté, nuevamente, con la calma del Karate Kid.

Y sin embargo hay circunstancias que me hacen “flipar” tanto como a ese compositor loco…

En esta misma semana en la que estuve perdida dos horas en el Camino Negro y perdí la novena hora de mi vida en un teatro y lo acepté con una parsimonia envidiable y hasta cuestionable otra circunstancia me llevó a mi lado oscuro.

Algo tristemente terrenal…

Un intercambio con el Señor Administrador de mi edificio.

Había surgido un problema en mi departamento y procedo a llamarlo para que lo resolviera. Viene lo ve y me dice: Voy a ver de dónde viene y le aviso.

10 días después nada…

Me comunico con él para averiguar qué había pasado y me responde que dado que había tomado esta administración hacía poco no sabía a qué se debía y que si yo sabía a qué se debía se lo indicara.

Con un cierto fastidio le respondo que yo no sabía a que se debía y que era su responsabilidad averiguarlo.

En breve me responde que era un problema particular de mi vecino de arriba y que lo llamara para solucionarlo.

Y ahí el monje zen dio paso a la fundamentalista birmana que de puño y letra le escribió:

Me parece que no tiene en claro sus responsabilidades como administrador de un edificio.

Me tomaré el tiempo de explicárselas por única vez.

Lo que sigue no es apto para menores de 18 pero creo que entienden la línea.

Un amigo me dijo: Estabas caliente por otra cosa y te la agarraste con el tipo.

No. Lamentablemente ese no es el caso.

Ese tema fue suficiente para convertirme en Mr. Hyde.

No son muchos los temas que me provocan este tipo de reacciones. En general, soy medianamente medida en mis reacciones.

Y esto me llevó a pensar y reflexionar.

Qué tipo de cosas logran sacarme ?

Recordé aquél día que mi vecino vino a pedirme por cuarta vez que bajara la calefacción.

Será que tengo un problema con los consorcios ? Amiga de los porteros no soy. El SUTERH es el sindicato que más detesto por cierto. Pero será esto? Tendré que mudarme a una casa y condenarme a vivir en el ostracismo alejada de la civilización?

Pero pensándolo bien… Qué tienen en común mi vecino y mi administrador?

Que los dos son unos PELOTUDOS…

Pero si yo algo de pelotuda tengo será entonces que proyecto en otros mi indignación hacia mi propia estupidez?

Y entonces no sería más lógico que mostrara cierta comprensión hacia mis hermanos en la estupidez?

Tal vez sea hora de formar nuestro propio sindicato.

Ya lo he registrado y le han dado personería jurídica. El SURP. Sindicato Único de Reconocidos Pelotudos.

Estamos aceptando nuevas afiliaciones que podrán solicitar a este blog o a cualquiera de los consorcistas de mi departamento.

Después de todo, quién necesita una entidad que lo defienda más que un consabido pelotudo?